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H. P. Lovecraft y la ciencia ficción

Aunque H. P. Lovecraft es un autor que se suele clasificación dentro de la literatura de terror, también es cierto que su narrativa se basa en la ciencia ficción no solo para articular sus tramas sino para contextualizar muchas de sus novelas. Lo fantástico y sobrenatural se suele confundir en sus obras a menudo con la ciencia y la ficción especulativa.

El dominio del autor de estéticas y recreaciones le permitió construir un estilo muy personal en el que se pueden apreciar influencias no sólo del relato gótico y del detallismo barroco, sino un uso de datos científicos y teorías muy modernas para su época. En sus obras podemos encontrar temas científicos como la teoría de la deriva continental de Alfred Wegener (que con el tiempo se transformó en la Tectónica de Placas), pero también temas más controvertidos como la existencia de vida extraterrestre.

Aunque H. P. Lovecraft es un autor que se suele clasificación dentro de la literatura de terror, también es cierto que su narrativa se basa en la ciencia ficción no lo para articular tramas sino para contextualizar muchas de sus novelas.

Era gran conocedor de que hay dos fuertes conceptos que crean una enorme tensión en los seres humanos, uno es el miedo a lo desconocido y el otro es el miedo al avance vertiginoso de la ciencia. Si bien este último aspecto sí ha sido desarrollado más en profundidad por otros autores como Aldous Huxley, en Lovecraft existe, de alguna manera, una alquimia entre lo milenario y lo futuro, tomando como principio que ambos se rigen por lo desconocido. También conviene siempre aclarar que su empirismo nunca le llegó a influir como a otros autores que se decantaron por la narrativa positivista: él siempre fue escéptico en todas las materias del ser humano.

Era gran conocedor de que hay dos fuertes conceptos que crean una enorme tensión en los seres humanos, uno es el miedo a lo desconocido y el otro es el miedo al avance vertiginoso de la ciencia.

H. P. LOVECRAFT

Biografía de H. P. Lovecraft

Howard Phillps Lovecraft nació en 1890 en Providence (estado de Rhode Island). Desde su más tierna infancia fue un niño tremendamente reservado que prefería la compañía de los adultos a la de los chicos de su edad. Tenía una imaginación desbordada y a los seis años ya comenzó a escribir. Cuando tenía 8 años su padre falleció y quedó al cuidado de su abuelo, su madre y sus tías, recibiendo una educación destinada a su crecimiento intelectual más que el social.

Como consecuencia, el joven Lovecraft ya publicaba relatos con 18 años y cultivaba la poesía de manera prácticamente obsesiva, sin mantener contacto con nadie y recluido siempre en su casa. Pese a su talento, cuando murió su madre y su abuelo, H. P. tuvo que aceptar pequeños trabajos para subsistir. Ello contribuyó a que conociera a muchos de los que después serían sus fans e impulsores de su obra. Pronto sus relatos alcanzaron fama en y comenzó a acumular miles de fans, con los que, sorprendentemente, el autor mantenía una relación epistolar frecuente (pudo escribir más de 100.000 cartas durante su vida). Sin embargo, en el aspecto económico su vida seguía siendo un desastre y Lovecraft perdía un empleo tras otro. Contrajo matrimonio, pero la precariedad de su vida  desestabilizó pronto.

En su momento de mayor depresión (la literatura no le permitía vivir de sus obras, su matrimonio había fracasado, volvía al hogar que le vio crecer después de perder uno tras otro todos los empleos) su literatura logró su mayor cota en cuanto a calidad y estilo, aunque también en complejidad. La muerte de todos los miembros de su familia, el creciente fracaso de ventas y el suicidio de uno de sus amigos epistolares le sumió en una profunda neurosis que le impedía comer y le llenaba de dolores que nadie sabía si eran imaginarios o no. Murió poco después de cáncer intestinal cuando sólo contaba con 47 años.

Su obra, aún en nuestros días, tiene una legión inagotable de seguidores que siguen asombrándose con su capacidad expresiva y su recreación narrativa. Una lástima que nunca pudo disfrutar en vida del éxito económico que su obra ha tenido durante casi un siglo después. Hoy le recordaremos leyendo uno de sus fragmentos más conocidos (perteneciente a “Aire frío”):

“Me piden que explique por qué temo las corrientes de aire
frío, por qué tirito más que otros al entrar en una habitación
fría y parece como si sintiera náuseas y repulsión cuando el
fresco viento de anochecer empieza a deslizarse por entre la
calurosa atmósfera de un apacible día otoñal. Según algunos,
reacciono frente al frío como otros lo hacen frente a los
malos olores, impresión ésta que no negaré. Lo que haré es
referir el caso más espeluznante que me ha sucedido, para
que ustedes juzguen en consecuencia si constituye o no una
razonada explicación de esta peculiaridad mía.

Es una equivocación creer que el horror se asocia
inextricablemente con la oscuridad, el silencio y la soledad.
Yo me di de bruces con él en plena tarde, en pleno ajetreo de
la gran urbe y en medio del bullicio propio de una
destartalada y modesta pensión, en compañía de una prosaica
patrona y dos fornidos hombrs. En la primavera de 1923
había conseguido un trabajo bastante monótono y mal
remunerado en una revista de la ciudad de Nueva York; y
viéndome imposibilitado de pagar un sustancioso alquiler,
empecé a mudarme de una pensión barata a otra en busca de
una habitación que reuniera las cualidades de una cierta
limpieza, un mobiliario que pudiera pasar y un precio lo más
razonable posible. Pronto comprobé que no quedaba más
remedio que elegir entre soluciones malas, pero tras algún
tiempo recalé en una casa situada en la calle Catorce Oeste
que me desagradó bastante menos que las otras en que me
había alojado hasta entonces.”