Relato: “El callejón” #Historiasdemiedo Concurso ZendaLibros

 

31 de octubre de 1986

El asesino en serie Jack Brooks, corría desenfrenadamente por las calles de Londres. Dos policías le pisaban los talones tras su último homicidio: había desmembrado a su última víctima para utilizar sus órganos en un rito de magia negra.

El asesino se escabulló por un estrecho callejón pasando por debajo de un arco de media luna compuesto por unas lúgubres piedras antiguas. Sin embargo, para él sería un callejón sin salida, dos policías más le esperaban al otro lado.

—¡Detente! —gritó uno de los agentes.

Jack, al verse acorralado, cayó de rodillas y levantó las manos.

—Después de las atrocidades que has cometido solo mereces la muerte —dijo el policía mientras se aceraba a él y le disparaba en el pecho.

Pero Jack sonrió.

—La muerte solo es temporal; juro que volveré —respondió antes de cerrar los ojos.

31 de octubre de 2016

La sombría madrugada había caído sobre Londres. Josef regresaba con su novia Lucy de una fiesta de Halloween y atravesaban una zona del casco antiguo.

—¿Sabes que hace muchos años mataron a un sanguinario asesino cerca de aquí, Josef? —Él la observó con escepticismo—. Cuentan que desde entonces, en Halloween, aparece su alma por uno de estos callejones.

—¡Bah! Tonterías. —Sacudió la cabeza—. Ya sabes que no me dan miedo estas leyendas urbanas, son absurdas, inventadas solo para asustar a ignorantes.

Se detuvieron ante un estrecho callejón poblado de una densa niebla que no dejaba ver el otro lado de la calle.

—Mira, algún imbécil que está intentando asustarnos —apuntó Josef.

Lucy contuvo un grito al ver aparecer la figura de un hombre de piel pálida. Llevaba la cabeza rapada y sus ojos oscuros, como dos pozos negros sin vida, conjuntaban con una nariz aguileña, boca torcida y ropaje negro. Era siniestro.

—Te estaba esperando —dijo el desconocido con la voz enronquecida y mirando a Josef.

—¿Nos conocemos? —preguntó el aludido—. Por cierto, bonito disfraz —soltó una risotada.

—¿Te atreves? —Con un gesto de la mano le indicó que se acercara.

—¿Atreverme?

—Sí, a cruzar el callejón del miedo. Antes te he oído decir que no temes las leyendas. Demuéstramelo. —Mostró sus asquerosos dientes amarillos con una desagradable mueca.

Josef inclinó la cabeza hacia Lucy y sonrió con incredulidad.

—En seguida vuelvo.

—¡No vayas! ¡Por favor! —suplicó ella asustada aferrando el brazo de Josef.

—Es un momento. —Le apartó la mano.

Josef caminó, decidido, y entró en el callejón. Un escalofrío recorrió todo su ser al ver que la niebla no había invadido esa zona. Contempló las lúgubres piedras antiguas de las paredes, las telarañas campaban a sus anchas por el techo, y nacían tétricos hierbajos bajo sus pies que se enredaban en sus zapatos. De repente, empezó a brotar sangre de las juntas y unos perturbadores chillidos resonaron por todo el pasaje.

—¡Qué es esto! —vociferó con el horror plasmado en su rostro.

Se volvió para regresar junto a Lucy, pero cuando intentó atravesar la niebla que tenía delante, impactó contra algo sólido, un muro invisible.

—¡Lucy, ayúdame! —chilló, poseído por el pánico. Se dio la vuelta y volvió a ver al extraño hombre que le había invitado a entrar—. ¿Quién demonios eres? —Josef irguió la cabeza con agresividad y nerviosísimo.

—Me llamo Jack Brooks y hace treinta años que me asesinaron justo en este lugar —dijo. Sacó su mugrienta lengua y se relamió—. Voy a ser benévolo y te diré la única forma con la que cuentas para hallar una salida: solo tienes que cruzar este terrorífico callejón y llegar al otro lado, de lo contrario, morirás.

—¿Co-como dices? —tartamudeó preso del miedo.

—¿Y ahora? —Jack se acercó más a su víctima, salivaba sangre— ¿Tienes miedo, JOSEF? —vocalizó, moviendo los labios de forma aterradora.

Josef se puso a correr hacia el otro lado del callejón. Se topó con cuerpos mutilados que colgaban ahorcados y le tiraban del pelo con dedos huesudos y pálidos y lo arañaban con sus roñosas uñas negras. El suelo estaba bañado en sangre y las carcajadas de aquellos desalmados resonaban por todo el lugar. Entre chillidos de desesperación y golpeando cuanto se ponía en su camino, Josef logró llegar al final. En ese momento, una ráfaga de luz impactó contra su cuerpo.

Aturdido, Josef abrió los ojos y un gemido de espanto salió del interior de su garganta al ver su cuerpo tumbado a su lado.

—Debo darte las gracias, Josef —dijo Jack—. Mi alma ha ocupado tu cuerpo mortal. Pero tranquilo, tú también tendrás la oportunidad de volver a la vida, solo tienes que esperar hasta el 31 de octubre para convencer a otro infeliz y que cruce este callejón. Yo he tardado 30 años en salir, a ver cuánto tardas tú —soltó una risotada—. Me voy con tu chica.

—¡Lucy, no vayas con él!

—Como te decía, cariño: leyendas absurdas para asustar a ignorantes —comentó mientras se volvía hacia Josef y le guiñaba un ojo a su sucesor.

Jack Brooks acababa de cumplir su promesa: volver a la vida para seguir matando.

El callejón de Joaquim Colomer Boixés, para el concurso #historiasdemiedo de ZENDALIBROS

Ray Bradbury: “Crónicas marcianas” y “Fahrenheit 451”

Hay historias de crecimiento personal entre los escritores, y algunas son fabulosas. La del escritor de ciencia ficción Ray Bradbury es una de ellas. Nacido en 1920 en el seno de una familia pobre, no tuvo acceso a los estudios universitarios por razones meramente económicas. De este modo, tuvo que desempeñar desde muy joven distintos empleos para sobrevivir. De manera paralela, se formaba de manera totalmente autodidacta y era un lector verdaderamente voraz.

Como en tantos otros casos que hemos visto en esta bitácora, su pasión por la lectura se transformó en creación literaria, y cuando apenas tenía veinte años ya escribía sus primeros cuentos. Unos cuantos años después, comenzaron a ser aceptados en revistas y al poco comenzó a vivir de lo que escribía. Entre sus trabajos podemos encontrar una gran variedad: creación de argumentos en series, guiones en películas televisivas y de cine (suya es la adaptación de Moby Dick junto a John Huston).

Ray Bradbury y su narrativa

Su obra más conocida es “Crónicas marcianas”. En su obra podemos encontrar claros propósitos morales, que convierten algunos de sus cuentos en fábulas de ciencia ficción, aunque de gran calado filosófico y, sobre todo, metafísico. La experiencia existencial está repleta de incertidumbres, lo cual convierte la vida en un viaje que provoca gran ansiedad y en ocasiones padecimiento al lector. Pese a que “Crónicas marcianas” relata los primeros viajes hacia Marte y su posterior colonización, no se definía a sí mismo como escritor de ciencia ficción sino de fantasía. Seguramente se refería a que en su narrativa no prima tanto el componente tecnológico (que señalábamos en una anterior entrada) como imaginativo y emocional.

Sin embargo, en Fahrenheit 451 (temperatura a la que arde el papel) podemos encontrar elementos claros de ciencia ficción –como se podían hallar en la novela 1984 de George Orwell, de la que hablaremos próximamente. Con ello me refiero a elementos futuristas y apolalípticos, donde la sociedad se ha desviado de su marcha democrática, donde el control gubernamental mantiene en clara sumisión a la población. Si en la novela de Orwell el control se realizaba mediante el análisis del pensamiento por métodos tenológicos, en la novela de Bradbury el gobierno ejerce su coherción social mediante la quema indiscriminada de libros (recordemos que el autor vivió en su más tierna infancia el horror de la segunda guerra mundial y, por ende, del fascismo).

Os recomiendo además la adaptación de Fahrenheit 451 que realizó François Truffaut en 1966. Es una combinación muy interesante esta obra cumbre de Bradbury con la proyección cinematográfica de la nouvelle vague.

Ray Bradbury
Ray Bradbury

H. P. Lovecraft y la ciencia ficción

Aunque H. P. Lovecraft es un autor que se suele clasificación dentro de la literatura de terror, también es cierto que su narrativa se basa en la ciencia ficción no solo para articular sus tramas sino para contextualizar muchas de sus novelas. Lo fantástico y sobrenatural se suele confundir en sus obras a menudo con la ciencia y la ficción especulativa.

El dominio del autor de estéticas y recreaciones le permitió construir un estilo muy personal en el que se pueden apreciar influencias no sólo del relato gótico y del detallismo barroco, sino un uso de datos científicos y teorías muy modernas para su época. En sus obras podemos encontrar temas científicos como la teoría de la deriva continental de Alfred Wegener (que con el tiempo se transformó en la Tectónica de Placas), pero también temas más controvertidos como la existencia de vida extraterrestre.

Aunque H. P. Lovecraft es un autor que se suele clasificación dentro de la literatura de terror, también es cierto que su narrativa se basa en la ciencia ficción no lo para articular tramas sino para contextualizar muchas de sus novelas.

Era gran conocedor de que hay dos fuertes conceptos que crean una enorme tensión en los seres humanos, uno es el miedo a lo desconocido y el otro es el miedo al avance vertiginoso de la ciencia. Si bien este último aspecto sí ha sido desarrollado más en profundidad por otros autores como Aldous Huxley, en Lovecraft existe, de alguna manera, una alquimia entre lo milenario y lo futuro, tomando como principio que ambos se rigen por lo desconocido. También conviene siempre aclarar que su empirismo nunca le llegó a influir como a otros autores que se decantaron por la narrativa positivista: él siempre fue escéptico en todas las materias del ser humano.

Era gran conocedor de que hay dos fuertes conceptos que crean una enorme tensión en los seres humanos, uno es el miedo a lo desconocido y el otro es el miedo al avance vertiginoso de la ciencia.

H. P. LOVECRAFT

Biografía de H. P. Lovecraft

Howard Phillps Lovecraft nació en 1890 en Providence (estado de Rhode Island). Desde su más tierna infancia fue un niño tremendamente reservado que prefería la compañía de los adultos a la de los chicos de su edad. Tenía una imaginación desbordada y a los seis años ya comenzó a escribir. Cuando tenía 8 años su padre falleció y quedó al cuidado de su abuelo, su madre y sus tías, recibiendo una educación destinada a su crecimiento intelectual más que el social.

Como consecuencia, el joven Lovecraft ya publicaba relatos con 18 años y cultivaba la poesía de manera prácticamente obsesiva, sin mantener contacto con nadie y recluido siempre en su casa. Pese a su talento, cuando murió su madre y su abuelo, H. P. tuvo que aceptar pequeños trabajos para subsistir. Ello contribuyó a que conociera a muchos de los que después serían sus fans e impulsores de su obra. Pronto sus relatos alcanzaron fama en y comenzó a acumular miles de fans, con los que, sorprendentemente, el autor mantenía una relación epistolar frecuente (pudo escribir más de 100.000 cartas durante su vida). Sin embargo, en el aspecto económico su vida seguía siendo un desastre y Lovecraft perdía un empleo tras otro. Contrajo matrimonio, pero la precariedad de su vida  desestabilizó pronto.

En su momento de mayor depresión (la literatura no le permitía vivir de sus obras, su matrimonio había fracasado, volvía al hogar que le vio crecer después de perder uno tras otro todos los empleos) su literatura logró su mayor cota en cuanto a calidad y estilo, aunque también en complejidad. La muerte de todos los miembros de su familia, el creciente fracaso de ventas y el suicidio de uno de sus amigos epistolares le sumió en una profunda neurosis que le impedía comer y le llenaba de dolores que nadie sabía si eran imaginarios o no. Murió poco después de cáncer intestinal cuando sólo contaba con 47 años.

Su obra, aún en nuestros días, tiene una legión inagotable de seguidores que siguen asombrándose con su capacidad expresiva y su recreación narrativa. Una lástima que nunca pudo disfrutar en vida del éxito económico que su obra ha tenido durante casi un siglo después. Hoy le recordaremos leyendo uno de sus fragmentos más conocidos (perteneciente a “Aire frío”):

“Me piden que explique por qué temo las corrientes de aire
frío, por qué tirito más que otros al entrar en una habitación
fría y parece como si sintiera náuseas y repulsión cuando el
fresco viento de anochecer empieza a deslizarse por entre la
calurosa atmósfera de un apacible día otoñal. Según algunos,
reacciono frente al frío como otros lo hacen frente a los
malos olores, impresión ésta que no negaré. Lo que haré es
referir el caso más espeluznante que me ha sucedido, para
que ustedes juzguen en consecuencia si constituye o no una
razonada explicación de esta peculiaridad mía.

Es una equivocación creer que el horror se asocia
inextricablemente con la oscuridad, el silencio y la soledad.
Yo me di de bruces con él en plena tarde, en pleno ajetreo de
la gran urbe y en medio del bullicio propio de una
destartalada y modesta pensión, en compañía de una prosaica
patrona y dos fornidos hombrs. En la primavera de 1923
había conseguido un trabajo bastante monótono y mal
remunerado en una revista de la ciudad de Nueva York; y
viéndome imposibilitado de pagar un sustancioso alquiler,
empecé a mudarme de una pensión barata a otra en busca de
una habitación que reuniera las cualidades de una cierta
limpieza, un mobiliario que pudiera pasar y un precio lo más
razonable posible. Pronto comprobé que no quedaba más
remedio que elegir entre soluciones malas, pero tras algún
tiempo recalé en una casa situada en la calle Catorce Oeste
que me desagradó bastante menos que las otras en que me
había alojado hasta entonces.”

Aldous Huxley y su relación familiar con la Ciencia

Aldous Huxley, el autor de “Un mundo feliz”, sentía una gran fascinación por la Ciencia desde su más tierna infancia. Su abuelo le había proporcionado no sólo una buena posición social sino un legado científico incomparable que, sin duda, influenció en gran manera en el joven Aldous. Además, un problema de ceguera crónica le hizo interesarse por el campo de la percepción visual (años más tarde logró, mediante un novedoso tratamiento continuado, reponerse de su dolencia). Pero volvamos al interesante legado científico que recibió uno de los mejores autores de ciencia ficción de la Historia.

Aldous Huxley
Aldous Huxley

Su abuelo, Thomas Henry Huxley,  ya era una eminencia en el campo de la zoología a mediados del siglo XIX. Ello era debido a su controvertido apoyo a las tesis darwinistas sobre la evolución, que habían causado gran revuelo en la iglesia católica y protestante. El apoyo que Darwin recibió de Thomas Henry fue precisamente en uno de los puntos más candentes de su teoría de la génesis de las especies: el parentesco evolutivo entre los simios y los seres humanos. Este aspecto había sido relativizado por el propio Darwin en su obra “El origen de las especies”, reservando la aplicación de su teoría a los hombres para una siguiente edición. Huxley sostenía que, necesariamente, el Homo sapiens debía proceder del linaje de los grandes simios, basándose principalmente en evidencias anatómicas, tema en el que él era un experto de reconocimiento internacional. También fue destacable su influencia en el campo de la Paleontología, siendo uno de los detractores de las teorías que señalaban que los restos encontrados en el Valle de Neander (más tarde clasificados como Neanderthales) pertenecían a ancestros humanos.

Thomas Henry Huxley
Thomas Henry Huxley

Por su parte, el hermano de Aldous, Julian Huxley,  también fue un científico controvertido. Biólogo e importante divulgador científico, en la década de los 30 se distinguió como un importante defensor de la eugenesia, rama de la ciencia evolutiva que defendía la optimización de los caracteres en la especie humana mediante campañas de esterilización y cruzamientos controlados. Este concepto, como todos sabéis, fue una de los estandartes del nazismo, pero es menos conocido que durante principios del siglo XX tuvo una gran acogida en países como Estados Unidos, Inglaterra o Suecia. En la práctica, la eugenesia se podía implementar esterilizando a los miembros de las capas sociales más desfavorecidas o con discapacidades físicas y mentales y promocionando el emparejamiento selectivo entre los miembros más exitosos de los diferentes campos profesionales. Durante décadas fue un miembro distinguido de la Sociedad de la Eugenesia Británica, aunque también es cierto que siempre fue crítico con las posturas más extremas de este movimiento. La genética humana ha demostrado, con el tiempo, que esta teoría científica estaba basada en supuestos teóricos erróneos.

Julian Huxley
Julian Huxley

Andrew Fielding Huxley, hermanastro también de Aldous, fue también un reconocido biólogo, esta vez en el campo de la fisiología y biofísica. Su principal aportación al estudio de los seres vivos se localizó en el estudio de los impulsos nerviosos, elaborando una teoría junto con su colega Alan Lloyd Hodgkin sobre la existencia de canales iónicos que regulan los potenciales de acción de las neuronas, responsables de la activación de las mismas.

Andrew Huxley
Andrew Huxley

Queda claro que en un ambiente de ciencia y literatura como este, (su padre fue editor y su hermano escritor), Aldous Huxley recibió la formación y el interés suficiente para crear una obra tan contundente como “Un mundo feliz”.

Para una próxima entrada me reservo un análisis más profundo sobre el propio Aldous y la influencia que ejerció sobre él la literatura, así como el génesis de sus obras clave.

5 autores de Ciencia Ficción que fueron visionarios

Hay autores de Ciencia Ficción que se adelantaron a sus tiempos, otros que aplicaron el contexto tecnológico del momento a la trama de sus obras. En cualquier caso, la ciencia–ficción, además de ser un territorio de fantasía, ha sido un interesante campo de divulgación científica.

Es por ello que en la literatura de ciencia–ficción encontramos autores que han sabido anticiparse tanto a descubrimientos científicos como concepciones de la física y de la sociología. Muchos de ellos estaban influidos por las tesis positivstas Comte (finales del siglo XIX) pero como veremos el carácter visionario de otros autores no se ha limitado al ámbito de la Ciencia:

Julio Verne:  Son abundantes las obras de este autor que anticipan o desarrollan inventos tecnológicos que a la postre revolucionarían el transporte o los medios de comunicación. Como ya comentaba en un anterior post, la apuesta por estos gadgets revolucionarios como ejes vertebradores de sus narraciones le granjeó un gran número de seguidores y propició que sus obras se popularizaran tremendamente.

“No era la luz del sol con sus haces brillantes y la espléndida irra­diación de sus rayos ni la claridad vaga y pálida del astro de la noche, que es sólo una reflexión sin calor. No. El poder iluminador de aquella luz, su difusión temblorosa, su blancura clara y seca, la escasa elevación de su temperatura, su brillo superior en realidad al de la luna, acusaban evidentemente un origen pura­mente eléctrico. Era una especie de aurora boreal, un fenómeno cósmico continuo que alumbraba aquella caverna capaz de albergar en su interior un océano.  La bóveda suspendida encima de mi cabeza, el cielo, si se quiere, parecía formado por grandes nubes, vapores movedizos que cambiaban continuamente de forma y que, por efecto de las condensaciones, deberían convertirse en determinados días, en lluvias torrenciales. Creía yo que, bajo una presión atmosférica tan grande, era imposible la evaporación del agua; pero, en vir­tud de alguna ley física que ignoraba, gruesas nubes cruzaban el aire. Esto no obstante, el tiempo estaba bueno. Las corrientes eléctricas producían sorprendentes juegos de luz sobre las nubes más elevadas: se dibujaban vivas sombras en sus bóvedas infe­riores, y, a menudo, entre dos masas separadas, se deslizabas hasta nosotros un rayo de luz de notable intensidad. Pero nada de aque­llo provenía del sol, puesto que su luz era fría. El efecto era tris­te y soberanamente melancólico. En vez de un cielo tachonado de estrellas, adivinaba por encima de aquellos nubarrones una bóveda de granito que me oprimía con su peso, y todo aquel espacio, por muy grande que fuese, no hubiera bastado para una evolución del menos ambicioso de todos los satélites ” (Viaje al centro de la Tierra)

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Aldous Huxley: Inspirada en la problemática socioeconómica, “Un mundo feliz” satiriza sobre el carácter autodestructivo de la sociedad. Proveniente de una familia de científicos y naturalistas, Huxley utilizó su obra para criticar a la Iglesia y a los grandes medios de comunicación. Tomó el título de “La tempestad” de William Shakespeare.

“… Me interesa la verdad. Amo la ciencia. Pero la verdad es una amenaza, y la ciencia un peligro público. Tan peligroso como benéfico ha sido. Nos ha proporcionado el equilibrio más estable de la historia. El equilibrio de China fue ridículamente inseguro en comparación con el nuestro; ni siquiera el de los antiguos matriarcados fue tan firme como el nuestro. Gracias, repito, a la ciencia. Pero no podemos permitir que la ciencia destruya su propia obra. Por esto limitamos tan escrupulosamente el alcance de sus investigaciones; por esto estuve a punto de ser enviado a una isla. Sólo le permitimos tratar de los problemas más inmediatos del momento. Todas las demás investigaciones son condenadas a morir en ciernes. Es curioso -prosiguió tras breve pausa- leer lo que la gente que vivía en los tiempos de Nuestro Ford escribía acerca del progreso científico. Al parecer, creían que se podía permitir que siguiera desarrollándose indefinidamente, sin tener en cuenta nada más. El conocimiento era el bien supremo, la verdad el máximo valor; todo lo demás era secundario y subordinado.” (Un mundo feliz)

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George Orwell: Su obra abarca distintos estilos, pero en general se caracterizó por su literatura reivindicativa. Su novela “1984” es, seguramente, su obra más laureada y su única inmersión en la ciencia–ficción.  Escrita en 1948, el autor bailó dos cifras de la fecha para anticipar un futuro desolador y  logró un relato muy acertado sobre el afán de control de los regímenes totalitarios, anticipando que el control de masas sustituiría a la represión civil.

“No habrá lealtad; no existirá más fidelidad que la que se debe al Partido, ni más amor que el amor al Gran Hermano. No habrá risa, excepto la risa triunfal cuando se derrota a un enemigo. No habrá arte, ni literatura, ni ciencia. No habrá ya distinción entre la belleza y la fealdad. Todos los placeres serán destruidos. Pero siempre, no lo olvides, Winston, siempre habrá el afán de poder, la sed de dominio, que aumentará constantemente y se hará cada vez más sutil. Siempre existirá la emoción de la victoria, la sensación de pisotear a un enemigo indefenso. Si quieres hacerte una idea de cómo será el futuro. figúrate una bota aplastando un rostro humano… incesantemente.” (1984)

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Herbert George Wells: En su obra “La máquina del tiempo”, el autor predice algunos puntos de la teoría de la relatividad, formulada unos años después por Albert Einstein. En ella, el tiempo es una cuarta dimensión geométrica. En la obra de H. G. Wells, dicha dimensión, al igual que las otras del espacio, podía ser recorrida mediante una máquina que picaba la curiosidad de los aficionados a la tecnología, que iban aumentando en número a finales del siglo XIX. Con esta obra, el autor inaugura la temática de ciencia-ficción de viaje a través del tiempo.

“La seguridad demasiado perfecta de los habitantes del Mundo Superior los había llevado, en un pausado movimiento de degeneración, a un aminoramiento general de estatura, de fuerza e inteligencia. Eso podía yo verlo ya con bastante claridad. Sin embargo, no sospechaba aún lo que había ocurrido a los habitantes del Mundo Subterráneo, pero por lo que había visto de los Morlocks -que era el nombre que daban a aquellos seres podía imaginar que la modificación del tipo humano era aún más profunda que entre los Eloi, la raza que ya conocía.” (La máquina del tiempo)

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Isaac Asimov: A lo largo de su obra este escritor  desarrolló múltiples conceptos científicos, que transformó o recuperó, según era el caso, para las tramas de sus novelas. Pero su poder predictivo mayor se encuentra en su visión de la robótica y de las posibilidades que ésta ofrecía. Hoy día, aunque los robots tienen una función bastante poco literaria en nuestra sociedad, el progreso de esta sociedad se ha basado en gran parte en su desarrollo.  También previó otros avances de la tecnología como fue el estudio microscópico y molecular (isótopos, medicamentos genéticos y las balas mágicas de Paul Ehrlich ) en su novela “Viaje alucinante”, debido a su amplia formación como bioquímico.

“Fíjate en ti. No lo digo con ánimo de desprecio, pero fíjate bien. El material del que estás hecho es blando y flojo, carece de resistencia, y su energía depende de la oxidación ineficiente del material orgánico.  (…) Entráis periódicamente en coma, y la menor variación de temperatura, presión atmosférica, la humedad o la intensidad de radiación afecta a vuestra eficiencia. Sois alterables. Yo, por el contrario, soy un producto acabado. Absorbo energía eléctrica directamente y la utilizo con casi un ciento por ciento de eficiencia. Estoy compuesto de fuerte metal, permanezco consciente todo el tiempo y puedo soportar fácilmente los más extremados cambios ambientales. Estos son hechos que, partiendo de la irrefutable proposición de que ningún ser puede crear un ser más perfecto que él, reduce vuestra tonta teoría a la nada.” (Yo, Robot)

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5 antecedentes de la novela de ciencia-ficción

 Antecedentes de la novela de ciencia-ficción

La novela de ciencia ficción es, en sí misma, difícil de definir. Para algunos autores su naturaleza radica en el carácter fantástico e imposible de la trama, pero para otros la originalidad de este género se basa en la influencia de la ciencia y la tecnología sobre el argumento. En cualquier caso, hay un cierto consenso en aceptar que las novelas de ciencia ficción son aquellas en las que se representan acciones imposibles de dar en el mundo que conocemos y bajo las condiciones físicas y tecnológicas imperantes.

Pero esta controversia no comienza con la definición de este género, sino con su propio origen. Como es lógico, según nos inclinemos sobre una de las definiciones posibles (el carácter imaginativo de la trama) o sobre la otra (el carácter científico–tecnológico del argumento), unas obras estarán incluidas como precursoras de la ciencia–ficción y otras excluidas. Para esta colección me he inclinado por el carácter científico–tecnológico de dichas novelas, pero incluyendo en este apartado el ocultismo y la alquimia:

1) Somnium: Escrita por Johannes Kepler en 1608. Duracotus, un joven finlandés, será capaz de viajar a la Luna junto a su madre Fiolxhilda. Es considerada por muchos autores como la primera novela de ciencia–ficción de la historia. Como triste anécdota, comentar que el argumento fue usado para acusar de brujería a la madre de Johannes, debido a que en la novela madre e hijo realizaban su viaje gracias a un conjuro mágico.

Somnium
Somnium

2) Las aventuras del Barón de Münchhausen: escrito por Rudolf Erich Raspe basándose en las fantasiosas historias que contaba un noble alemán de la época. Entre las hazañas increíbles que el Barón de Münchhausen era capaz de hacer se incluye viajar a la Luna y al Infierno. Su obra gozó de tanta popularidad en su época que tras esta primera obra comenzaron a circular por toda Europa nuevas ediciones en las que se añadían nuevas historias que no había escrito el propio Raspe.

Las aventuras del Baron de Munchhausen
Las aventuras del Baron de Münchhausen

3) Frankenstein: Escrita por Mary Shelley en 1818. Influida en gran forma por la novela gótica, género imperante en ese siglo, en esta obra se coloca por primera vez a la ciencia como protagonista, sacando a relucir el debate sobre la ética de los experimentos científicos. La novela narra cómo el joven estudiante de medicina suizo Víctor Frankenstein crea un hombre a partir de restos de cadáveres, creando un monstruoso ser con vida y sentimientos.

Frankenstein
Frankenstein

4) Cinco semanas en globo: Primera novela de Julio Verne, que a la postre se convertiría en uno de los estandartes del género de ciencia–ficción, en 1863. En ella ya se encuentran los rasgos más característicos de la obra de Verne, tanto en sus descripciones como en los giros de la trama. El doctor británico Samuel Fergusson decide cruzar África en globo, dando pie a una novela llena de aventuras y de ricas descripciones geográficas e históricas. Como será una constante en el resto de su literatura, Verne apoya el eje de su novela en un invento sorprendente capaz de atraer al lector, en este caso el precursor del moderno globo aerostático.

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5) El Golem: Escrita por Gustav Meyrink en 1915. En una atmósfera oscura y nebulosa, en la que la doble personalidad del protagonista enmascara la narración, conocemos unos misteriosos sucesos en el gueto judío de Praga. En las calles circula la leyenda de que ciertas noches vaga en la oscuridad el Golem, una figura de arcilla que cobró vida y provoca tremendas catástrofes. La obra plantea el dilema ético de la sociedad, que crea autómatas destinados a realizar tareas involuntarias.

El Golem
El Golem

Blog del escritor Joaquim Colomer Boixés

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