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5 autores de Ciencia Ficción que fueron visionarios

Hay autores de Ciencia Ficción que se adelantaron a sus tiempos, otros que aplicaron el contexto tecnológico del momento a la trama de sus obras. En cualquier caso, la ciencia–ficción, además de ser un territorio de fantasía, ha sido un interesante campo de divulgación científica.

Es por ello que en la literatura de ciencia–ficción encontramos autores que han sabido anticiparse tanto a descubrimientos científicos como concepciones de la física y de la sociología. Muchos de ellos estaban influidos por las tesis positivstas Comte (finales del siglo XIX) pero como veremos el carácter visionario de otros autores no se ha limitado al ámbito de la Ciencia:

Julio Verne:  Son abundantes las obras de este autor que anticipan o desarrollan inventos tecnológicos que a la postre revolucionarían el transporte o los medios de comunicación. Como ya comentaba en un anterior post, la apuesta por estos gadgets revolucionarios como ejes vertebradores de sus narraciones le granjeó un gran número de seguidores y propició que sus obras se popularizaran tremendamente.

“No era la luz del sol con sus haces brillantes y la espléndida irra­diación de sus rayos ni la claridad vaga y pálida del astro de la noche, que es sólo una reflexión sin calor. No. El poder iluminador de aquella luz, su difusión temblorosa, su blancura clara y seca, la escasa elevación de su temperatura, su brillo superior en realidad al de la luna, acusaban evidentemente un origen pura­mente eléctrico. Era una especie de aurora boreal, un fenómeno cósmico continuo que alumbraba aquella caverna capaz de albergar en su interior un océano.  La bóveda suspendida encima de mi cabeza, el cielo, si se quiere, parecía formado por grandes nubes, vapores movedizos que cambiaban continuamente de forma y que, por efecto de las condensaciones, deberían convertirse en determinados días, en lluvias torrenciales. Creía yo que, bajo una presión atmosférica tan grande, era imposible la evaporación del agua; pero, en vir­tud de alguna ley física que ignoraba, gruesas nubes cruzaban el aire. Esto no obstante, el tiempo estaba bueno. Las corrientes eléctricas producían sorprendentes juegos de luz sobre las nubes más elevadas: se dibujaban vivas sombras en sus bóvedas infe­riores, y, a menudo, entre dos masas separadas, se deslizabas hasta nosotros un rayo de luz de notable intensidad. Pero nada de aque­llo provenía del sol, puesto que su luz era fría. El efecto era tris­te y soberanamente melancólico. En vez de un cielo tachonado de estrellas, adivinaba por encima de aquellos nubarrones una bóveda de granito que me oprimía con su peso, y todo aquel espacio, por muy grande que fuese, no hubiera bastado para una evolución del menos ambicioso de todos los satélites ” (Viaje al centro de la Tierra)

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Aldous Huxley: Inspirada en la problemática socioeconómica, “Un mundo feliz” satiriza sobre el carácter autodestructivo de la sociedad. Proveniente de una familia de científicos y naturalistas, Huxley utilizó su obra para criticar a la Iglesia y a los grandes medios de comunicación. Tomó el título de “La tempestad” de William Shakespeare.

“… Me interesa la verdad. Amo la ciencia. Pero la verdad es una amenaza, y la ciencia un peligro público. Tan peligroso como benéfico ha sido. Nos ha proporcionado el equilibrio más estable de la historia. El equilibrio de China fue ridículamente inseguro en comparación con el nuestro; ni siquiera el de los antiguos matriarcados fue tan firme como el nuestro. Gracias, repito, a la ciencia. Pero no podemos permitir que la ciencia destruya su propia obra. Por esto limitamos tan escrupulosamente el alcance de sus investigaciones; por esto estuve a punto de ser enviado a una isla. Sólo le permitimos tratar de los problemas más inmediatos del momento. Todas las demás investigaciones son condenadas a morir en ciernes. Es curioso -prosiguió tras breve pausa- leer lo que la gente que vivía en los tiempos de Nuestro Ford escribía acerca del progreso científico. Al parecer, creían que se podía permitir que siguiera desarrollándose indefinidamente, sin tener en cuenta nada más. El conocimiento era el bien supremo, la verdad el máximo valor; todo lo demás era secundario y subordinado.” (Un mundo feliz)

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George Orwell: Su obra abarca distintos estilos, pero en general se caracterizó por su literatura reivindicativa. Su novela “1984” es, seguramente, su obra más laureada y su única inmersión en la ciencia–ficción.  Escrita en 1948, el autor bailó dos cifras de la fecha para anticipar un futuro desolador y  logró un relato muy acertado sobre el afán de control de los regímenes totalitarios, anticipando que el control de masas sustituiría a la represión civil.

“No habrá lealtad; no existirá más fidelidad que la que se debe al Partido, ni más amor que el amor al Gran Hermano. No habrá risa, excepto la risa triunfal cuando se derrota a un enemigo. No habrá arte, ni literatura, ni ciencia. No habrá ya distinción entre la belleza y la fealdad. Todos los placeres serán destruidos. Pero siempre, no lo olvides, Winston, siempre habrá el afán de poder, la sed de dominio, que aumentará constantemente y se hará cada vez más sutil. Siempre existirá la emoción de la victoria, la sensación de pisotear a un enemigo indefenso. Si quieres hacerte una idea de cómo será el futuro. figúrate una bota aplastando un rostro humano… incesantemente.” (1984)

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Herbert George Wells: En su obra “La máquina del tiempo”, el autor predice algunos puntos de la teoría de la relatividad, formulada unos años después por Albert Einstein. En ella, el tiempo es una cuarta dimensión geométrica. En la obra de H. G. Wells, dicha dimensión, al igual que las otras del espacio, podía ser recorrida mediante una máquina que picaba la curiosidad de los aficionados a la tecnología, que iban aumentando en número a finales del siglo XIX. Con esta obra, el autor inaugura la temática de ciencia-ficción de viaje a través del tiempo.

“La seguridad demasiado perfecta de los habitantes del Mundo Superior los había llevado, en un pausado movimiento de degeneración, a un aminoramiento general de estatura, de fuerza e inteligencia. Eso podía yo verlo ya con bastante claridad. Sin embargo, no sospechaba aún lo que había ocurrido a los habitantes del Mundo Subterráneo, pero por lo que había visto de los Morlocks -que era el nombre que daban a aquellos seres podía imaginar que la modificación del tipo humano era aún más profunda que entre los Eloi, la raza que ya conocía.” (La máquina del tiempo)

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Isaac Asimov: A lo largo de su obra este escritor  desarrolló múltiples conceptos científicos, que transformó o recuperó, según era el caso, para las tramas de sus novelas. Pero su poder predictivo mayor se encuentra en su visión de la robótica y de las posibilidades que ésta ofrecía. Hoy día, aunque los robots tienen una función bastante poco literaria en nuestra sociedad, el progreso de esta sociedad se ha basado en gran parte en su desarrollo.  También previó otros avances de la tecnología como fue el estudio microscópico y molecular (isótopos, medicamentos genéticos y las balas mágicas de Paul Ehrlich ) en su novela “Viaje alucinante”, debido a su amplia formación como bioquímico.

“Fíjate en ti. No lo digo con ánimo de desprecio, pero fíjate bien. El material del que estás hecho es blando y flojo, carece de resistencia, y su energía depende de la oxidación ineficiente del material orgánico.  (…) Entráis periódicamente en coma, y la menor variación de temperatura, presión atmosférica, la humedad o la intensidad de radiación afecta a vuestra eficiencia. Sois alterables. Yo, por el contrario, soy un producto acabado. Absorbo energía eléctrica directamente y la utilizo con casi un ciento por ciento de eficiencia. Estoy compuesto de fuerte metal, permanezco consciente todo el tiempo y puedo soportar fácilmente los más extremados cambios ambientales. Estos son hechos que, partiendo de la irrefutable proposición de que ningún ser puede crear un ser más perfecto que él, reduce vuestra tonta teoría a la nada.” (Yo, Robot)

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5 antecedentes de la novela de ciencia-ficción

 Antecedentes de la novela de ciencia-ficción

La novela de ciencia ficción es, en sí misma, difícil de definir. Para algunos autores su naturaleza radica en el carácter fantástico e imposible de la trama, pero para otros la originalidad de este género se basa en la influencia de la ciencia y la tecnología sobre el argumento. En cualquier caso, hay un cierto consenso en aceptar que las novelas de ciencia ficción son aquellas en las que se representan acciones imposibles de dar en el mundo que conocemos y bajo las condiciones físicas y tecnológicas imperantes.

Pero esta controversia no comienza con la definición de este género, sino con su propio origen. Como es lógico, según nos inclinemos sobre una de las definiciones posibles (el carácter imaginativo de la trama) o sobre la otra (el carácter científico–tecnológico del argumento), unas obras estarán incluidas como precursoras de la ciencia–ficción y otras excluidas. Para esta colección me he inclinado por el carácter científico–tecnológico de dichas novelas, pero incluyendo en este apartado el ocultismo y la alquimia:

1) Somnium: Escrita por Johannes Kepler en 1608. Duracotus, un joven finlandés, será capaz de viajar a la Luna junto a su madre Fiolxhilda. Es considerada por muchos autores como la primera novela de ciencia–ficción de la historia. Como triste anécdota, comentar que el argumento fue usado para acusar de brujería a la madre de Johannes, debido a que en la novela madre e hijo realizaban su viaje gracias a un conjuro mágico.

Somnium
Somnium

2) Las aventuras del Barón de Münchhausen: escrito por Rudolf Erich Raspe basándose en las fantasiosas historias que contaba un noble alemán de la época. Entre las hazañas increíbles que el Barón de Münchhausen era capaz de hacer se incluye viajar a la Luna y al Infierno. Su obra gozó de tanta popularidad en su época que tras esta primera obra comenzaron a circular por toda Europa nuevas ediciones en las que se añadían nuevas historias que no había escrito el propio Raspe.

Las aventuras del Baron de Munchhausen
Las aventuras del Baron de Münchhausen

3) Frankenstein: Escrita por Mary Shelley en 1818. Influida en gran forma por la novela gótica, género imperante en ese siglo, en esta obra se coloca por primera vez a la ciencia como protagonista, sacando a relucir el debate sobre la ética de los experimentos científicos. La novela narra cómo el joven estudiante de medicina suizo Víctor Frankenstein crea un hombre a partir de restos de cadáveres, creando un monstruoso ser con vida y sentimientos.

Frankenstein
Frankenstein

4) Cinco semanas en globo: Primera novela de Julio Verne, que a la postre se convertiría en uno de los estandartes del género de ciencia–ficción, en 1863. En ella ya se encuentran los rasgos más característicos de la obra de Verne, tanto en sus descripciones como en los giros de la trama. El doctor británico Samuel Fergusson decide cruzar África en globo, dando pie a una novela llena de aventuras y de ricas descripciones geográficas e históricas. Como será una constante en el resto de su literatura, Verne apoya el eje de su novela en un invento sorprendente capaz de atraer al lector, en este caso el precursor del moderno globo aerostático.

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5) El Golem: Escrita por Gustav Meyrink en 1915. En una atmósfera oscura y nebulosa, en la que la doble personalidad del protagonista enmascara la narración, conocemos unos misteriosos sucesos en el gueto judío de Praga. En las calles circula la leyenda de que ciertas noches vaga en la oscuridad el Golem, una figura de arcilla que cobró vida y provoca tremendas catástrofes. La obra plantea el dilema ético de la sociedad, que crea autómatas destinados a realizar tareas involuntarias.

El Golem
El Golem