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Ray Bradbury: “Crónicas marcianas” y “Fahrenheit 451”

Hay historias de crecimiento personal entre los escritores, y algunas son fabulosas. La del escritor de ciencia ficción Ray Bradbury es una de ellas. Nacido en 1920 en el seno de una familia pobre, no tuvo acceso a los estudios universitarios por razones meramente económicas. De este modo, tuvo que desempeñar desde muy joven distintos empleos para sobrevivir. De manera paralela, se formaba de manera totalmente autodidacta y era un lector verdaderamente voraz.

Como en tantos otros casos que hemos visto en esta bitácora, su pasión por la lectura se transformó en creación literaria, y cuando apenas tenía veinte años ya escribía sus primeros cuentos. Unos cuantos años después, comenzaron a ser aceptados en revistas y al poco comenzó a vivir de lo que escribía. Entre sus trabajos podemos encontrar una gran variedad: creación de argumentos en series, guiones en películas televisivas y de cine (suya es la adaptación de Moby Dick junto a John Huston).

Ray Bradbury y su narrativa

Su obra más conocida es “Crónicas marcianas”. En su obra podemos encontrar claros propósitos morales, que convierten algunos de sus cuentos en fábulas de ciencia ficción, aunque de gran calado filosófico y, sobre todo, metafísico. La experiencia existencial está repleta de incertidumbres, lo cual convierte la vida en un viaje que provoca gran ansiedad y en ocasiones padecimiento al lector. Pese a que “Crónicas marcianas” relata los primeros viajes hacia Marte y su posterior colonización, no se definía a sí mismo como escritor de ciencia ficción sino de fantasía. Seguramente se refería a que en su narrativa no prima tanto el componente tecnológico (que señalábamos en una anterior entrada) como imaginativo y emocional.

Sin embargo, en Fahrenheit 451 (temperatura a la que arde el papel) podemos encontrar elementos claros de ciencia ficción –como se podían hallar en la novela 1984 de George Orwell, de la que hablaremos próximamente. Con ello me refiero a elementos futuristas y apolalípticos, donde la sociedad se ha desviado de su marcha democrática, donde el control gubernamental mantiene en clara sumisión a la población. Si en la novela de Orwell el control se realizaba mediante el análisis del pensamiento por métodos tenológicos, en la novela de Bradbury el gobierno ejerce su coherción social mediante la quema indiscriminada de libros (recordemos que el autor vivió en su más tierna infancia el horror de la segunda guerra mundial y, por ende, del fascismo).

Os recomiendo además la adaptación de Fahrenheit 451 que realizó François Truffaut en 1966. Es una combinación muy interesante esta obra cumbre de Bradbury con la proyección cinematográfica de la nouvelle vague.

Ray Bradbury
Ray Bradbury

H. P. Lovecraft y la ciencia ficción

Aunque H. P. Lovecraft es un autor que se suele clasificación dentro de la literatura de terror, también es cierto que su narrativa se basa en la ciencia ficción no solo para articular sus tramas sino para contextualizar muchas de sus novelas. Lo fantástico y sobrenatural se suele confundir en sus obras a menudo con la ciencia y la ficción especulativa.

El dominio del autor de estéticas y recreaciones le permitió construir un estilo muy personal en el que se pueden apreciar influencias no sólo del relato gótico y del detallismo barroco, sino un uso de datos científicos y teorías muy modernas para su época. En sus obras podemos encontrar temas científicos como la teoría de la deriva continental de Alfred Wegener (que con el tiempo se transformó en la Tectónica de Placas), pero también temas más controvertidos como la existencia de vida extraterrestre.

Aunque H. P. Lovecraft es un autor que se suele clasificación dentro de la literatura de terror, también es cierto que su narrativa se basa en la ciencia ficción no lo para articular tramas sino para contextualizar muchas de sus novelas.

Era gran conocedor de que hay dos fuertes conceptos que crean una enorme tensión en los seres humanos, uno es el miedo a lo desconocido y el otro es el miedo al avance vertiginoso de la ciencia. Si bien este último aspecto sí ha sido desarrollado más en profundidad por otros autores como Aldous Huxley, en Lovecraft existe, de alguna manera, una alquimia entre lo milenario y lo futuro, tomando como principio que ambos se rigen por lo desconocido. También conviene siempre aclarar que su empirismo nunca le llegó a influir como a otros autores que se decantaron por la narrativa positivista: él siempre fue escéptico en todas las materias del ser humano.

Era gran conocedor de que hay dos fuertes conceptos que crean una enorme tensión en los seres humanos, uno es el miedo a lo desconocido y el otro es el miedo al avance vertiginoso de la ciencia.

H. P. LOVECRAFT

Biografía de H. P. Lovecraft

Howard Phillps Lovecraft nació en 1890 en Providence (estado de Rhode Island). Desde su más tierna infancia fue un niño tremendamente reservado que prefería la compañía de los adultos a la de los chicos de su edad. Tenía una imaginación desbordada y a los seis años ya comenzó a escribir. Cuando tenía 8 años su padre falleció y quedó al cuidado de su abuelo, su madre y sus tías, recibiendo una educación destinada a su crecimiento intelectual más que el social.

Como consecuencia, el joven Lovecraft ya publicaba relatos con 18 años y cultivaba la poesía de manera prácticamente obsesiva, sin mantener contacto con nadie y recluido siempre en su casa. Pese a su talento, cuando murió su madre y su abuelo, H. P. tuvo que aceptar pequeños trabajos para subsistir. Ello contribuyó a que conociera a muchos de los que después serían sus fans e impulsores de su obra. Pronto sus relatos alcanzaron fama en y comenzó a acumular miles de fans, con los que, sorprendentemente, el autor mantenía una relación epistolar frecuente (pudo escribir más de 100.000 cartas durante su vida). Sin embargo, en el aspecto económico su vida seguía siendo un desastre y Lovecraft perdía un empleo tras otro. Contrajo matrimonio, pero la precariedad de su vida  desestabilizó pronto.

En su momento de mayor depresión (la literatura no le permitía vivir de sus obras, su matrimonio había fracasado, volvía al hogar que le vio crecer después de perder uno tras otro todos los empleos) su literatura logró su mayor cota en cuanto a calidad y estilo, aunque también en complejidad. La muerte de todos los miembros de su familia, el creciente fracaso de ventas y el suicidio de uno de sus amigos epistolares le sumió en una profunda neurosis que le impedía comer y le llenaba de dolores que nadie sabía si eran imaginarios o no. Murió poco después de cáncer intestinal cuando sólo contaba con 47 años.

Su obra, aún en nuestros días, tiene una legión inagotable de seguidores que siguen asombrándose con su capacidad expresiva y su recreación narrativa. Una lástima que nunca pudo disfrutar en vida del éxito económico que su obra ha tenido durante casi un siglo después. Hoy le recordaremos leyendo uno de sus fragmentos más conocidos (perteneciente a “Aire frío”):

“Me piden que explique por qué temo las corrientes de aire
frío, por qué tirito más que otros al entrar en una habitación
fría y parece como si sintiera náuseas y repulsión cuando el
fresco viento de anochecer empieza a deslizarse por entre la
calurosa atmósfera de un apacible día otoñal. Según algunos,
reacciono frente al frío como otros lo hacen frente a los
malos olores, impresión ésta que no negaré. Lo que haré es
referir el caso más espeluznante que me ha sucedido, para
que ustedes juzguen en consecuencia si constituye o no una
razonada explicación de esta peculiaridad mía.

Es una equivocación creer que el horror se asocia
inextricablemente con la oscuridad, el silencio y la soledad.
Yo me di de bruces con él en plena tarde, en pleno ajetreo de
la gran urbe y en medio del bullicio propio de una
destartalada y modesta pensión, en compañía de una prosaica
patrona y dos fornidos hombrs. En la primavera de 1923
había conseguido un trabajo bastante monótono y mal
remunerado en una revista de la ciudad de Nueva York; y
viéndome imposibilitado de pagar un sustancioso alquiler,
empecé a mudarme de una pensión barata a otra en busca de
una habitación que reuniera las cualidades de una cierta
limpieza, un mobiliario que pudiera pasar y un precio lo más
razonable posible. Pronto comprobé que no quedaba más
remedio que elegir entre soluciones malas, pero tras algún
tiempo recalé en una casa situada en la calle Catorce Oeste
que me desagradó bastante menos que las otras en que me
había alojado hasta entonces.”

Aldous Huxley y su relación familiar con la Ciencia

Aldous Huxley, el autor de “Un mundo feliz”, sentía una gran fascinación por la Ciencia desde su más tierna infancia. Su abuelo le había proporcionado no sólo una buena posición social sino un legado científico incomparable que, sin duda, influenció en gran manera en el joven Aldous. Además, un problema de ceguera crónica le hizo interesarse por el campo de la percepción visual (años más tarde logró, mediante un novedoso tratamiento continuado, reponerse de su dolencia). Pero volvamos al interesante legado científico que recibió uno de los mejores autores de ciencia ficción de la Historia.

Aldous Huxley
Aldous Huxley

Su abuelo, Thomas Henry Huxley,  ya era una eminencia en el campo de la zoología a mediados del siglo XIX. Ello era debido a su controvertido apoyo a las tesis darwinistas sobre la evolución, que habían causado gran revuelo en la iglesia católica y protestante. El apoyo que Darwin recibió de Thomas Henry fue precisamente en uno de los puntos más candentes de su teoría de la génesis de las especies: el parentesco evolutivo entre los simios y los seres humanos. Este aspecto había sido relativizado por el propio Darwin en su obra “El origen de las especies”, reservando la aplicación de su teoría a los hombres para una siguiente edición. Huxley sostenía que, necesariamente, el Homo sapiens debía proceder del linaje de los grandes simios, basándose principalmente en evidencias anatómicas, tema en el que él era un experto de reconocimiento internacional. También fue destacable su influencia en el campo de la Paleontología, siendo uno de los detractores de las teorías que señalaban que los restos encontrados en el Valle de Neander (más tarde clasificados como Neanderthales) pertenecían a ancestros humanos.

Thomas Henry Huxley
Thomas Henry Huxley

Por su parte, el hermano de Aldous, Julian Huxley,  también fue un científico controvertido. Biólogo e importante divulgador científico, en la década de los 30 se distinguió como un importante defensor de la eugenesia, rama de la ciencia evolutiva que defendía la optimización de los caracteres en la especie humana mediante campañas de esterilización y cruzamientos controlados. Este concepto, como todos sabéis, fue una de los estandartes del nazismo, pero es menos conocido que durante principios del siglo XX tuvo una gran acogida en países como Estados Unidos, Inglaterra o Suecia. En la práctica, la eugenesia se podía implementar esterilizando a los miembros de las capas sociales más desfavorecidas o con discapacidades físicas y mentales y promocionando el emparejamiento selectivo entre los miembros más exitosos de los diferentes campos profesionales. Durante décadas fue un miembro distinguido de la Sociedad de la Eugenesia Británica, aunque también es cierto que siempre fue crítico con las posturas más extremas de este movimiento. La genética humana ha demostrado, con el tiempo, que esta teoría científica estaba basada en supuestos teóricos erróneos.

Julian Huxley
Julian Huxley

Andrew Fielding Huxley, hermanastro también de Aldous, fue también un reconocido biólogo, esta vez en el campo de la fisiología y biofísica. Su principal aportación al estudio de los seres vivos se localizó en el estudio de los impulsos nerviosos, elaborando una teoría junto con su colega Alan Lloyd Hodgkin sobre la existencia de canales iónicos que regulan los potenciales de acción de las neuronas, responsables de la activación de las mismas.

Andrew Huxley
Andrew Huxley

Queda claro que en un ambiente de ciencia y literatura como este, (su padre fue editor y su hermano escritor), Aldous Huxley recibió la formación y el interés suficiente para crear una obra tan contundente como “Un mundo feliz”.

Para una próxima entrada me reservo un análisis más profundo sobre el propio Aldous y la influencia que ejerció sobre él la literatura, así como el génesis de sus obras clave.